Totalmente injusto

Totalmente injusto

El otro día, en las noticias de medio día de televisión, dijeron que se ha venido notando un aumento de clientes que desean alquilar pequeñas embarcaciones que no necesitan licencia de navegación para poder pasar el día en familia nadando, o buceando, lejos de las playas y las limitaciones de aforo que tienen este año. El Diario de Sevilla, por ejemplo, publicó que la demanda de barcos y veleros se ha multiplicado por 9 y el ABC aseguraba el pasado 16 de agosto que la pandemia ha consolidado el viajar en barco como tendencia. Sea como sea, la realidad es que es una experiencia al alcance de pocos, pero que a la gran mayoría de nosotros nos encantaría vivir, y no solo por la pandemia.

Hace algunos años tuve la oportunidad de hacer un bautismo de buceo en Puerto de Santa María, Cádiz, con la agencia Puerto Buceo, y me enamoré de los fondos marinos. Es maravilloso poder vivir, durante una hora, como si fueses un ser marino capaz de respirar bajo el agua pues ese mundo tan distinto al nuestro puede descubrirte paisajes increíbles, criaturas que parecen sacadas de películas de fantasía (y de terror) y sobre todo lo que yo sentí, que estaba en una especie de mundo paralelo al nuestro descubriendo nuevas aventuras.

Lógicamente, hacer snorkel cerca dela orilla no es lo mismo. Si tienes la suerte de poder practicar este deporte en un área protegida o algo similar, podrás ver flora y fauna maravillosa, pero nada comparado a lo que se puede ver cuando te alejas de la costa y puedes hacer una inmersión más profunda y de mayor tiempo. Por eso, desde entonces, he hecho muchas cosas para poder seguir viviendo esa experiencia. Me saqué el curso Open Water, para poder seguir buceando siempre que quisiera, y me saqué la licencia y el seguro necesario para poder hacer inmersiones, pero el tema de bucear lejos de la costa ya es más complicado.

Para poder hacerlo has de alquilar una embarcación sí o sí, a no ser que la tengas propia claro está, u otra opción es recurrir a agencias de deportes acuáticos o similares e inscribirte en alguna de sus actividades.

El caso es que desde entonces, todos los años alquilaba una pequeña embarcación, al menos dos veces en verano, en Náutica Jiménez para poder disfrutar de mi apasionante hobby. Este año me ha sido imposible. Cada vez que intentaba reservar estaban completos y no tenían barcos disponibles, e incluso llegué a probar con otras empresas y nada, todo lleno o habían subido los precios tanto que no podía permitírmelo. Ahora, por fin, he podido reservar para un sábado en septiembre, por eso odio las modas.

Tendencias pasajeras y desastrosas

Quiero dejar claro que no me estoy quejando de que haya alta demanda en el alquiler de embarcaciones puesto que todo el mundo tiene derecho a alquilar si así lo desea, igual que yo, de lo que me quejo es de que una situación concreta, o una moda, desate la locura en nuestra sociedad y eso provoque consecuencias como la que estoy viviendo yo este año.

¿Puedo pasar sin bucear este año? Por supuesto que sí, igual que otros muchos han tenido que aguantarse las ganas de practicar sus hobbies por culpa de la pandemia que estamos viviendo. Es comprensible y no pasa nada pero ¿es justo? Yo no lo creo.

Si no podemos hacer algo porque es inseguro, no se hace y punto, pero no poder hacer algo que llevas haciendo durante años solo porque se ha puesto de moda y todo el mundo quiere probarlo es de chiste. ¿Qué pasará cuando esta tendencia pase? Pues que quedaremos los de siempre, quizás alguno más que se haya aficionado de verdad y tal vez alguno menos que se haya cansado de esperar, pero más o menos los de siempre. Y mientras tanto, hay que aguantar la moda.

Es como cuando a todas las chicas jóvenes les dio por teñirse de rubio. Todas se teñían o se hacían mechas para estar en onda, para ser más cool, y eso acabó provocando que todas pareciéramos cortadas por un mismo patrón y que hubiera quien me miraba y me decía que parecía una “borrega” por seguir a la manada con la misma moda. Lo que ellos no sabían, es que yo llevaba años haciéndome mechas para disimular que son 15 años ya tenía medio cabello lleno de canas.

Lo mismo ocurre con las prendas de vestir y con casi todo. Si algo se pone de moda, más te vale cambiar de estilo, de hobby o de idea, porque sea lo que sea acabará hasta los topes.

Estoy tan harta de tener que competir este año por coger sitio en la playa, alquilar un barco para navegar, sentarme en una mesa de terraza en la heladería o en el bar para tomarme una caña e incluso por mantener mi posición dentro de una acera llena de transeúntes que se empeñan en no apartarse para mantener las distancias a pesar del Covid19 que estoy a punto de confinarme a mí misma voluntariamente, y no por culpa de la pandemia no, más bien por culpa de ver tanto gilipollas suelto que solo piensa en sí mismo y en lo que necesita en cada momento.

Si me voy a la playa me encuentro con listos que se dejan la sombrilla clavada en la arena para guardar su espacio aunque ellos se hayan subido a comer a su pisito de vacaciones costero. Y da igual que esté prohibido porque cuando pasa la policía en esos quarks con los que patrullan ahora las zonas costeras no pueden diferencias cual es la sombrilla con sillas vacía porque no hay nadie y cuál es la sombrilla vacía porque sus ocupantes se están bañando en el mar en ese momento, o paseando por la orilla. Así que a no ser que sea algo muy evidente, no hacen nada, y somos los que estamos allí, tres filas más atrás y con mucho orgullo por haber conseguido un hueco en la arena, los que vemos como dos horas después baja tranquilamente el listo de turno de un edificio, entra en la arena con su toalla y empieza a desvestirse en esa sombrilla.

Y esto, lógicamente, no es todo. Yo no estoy tan loca, ni tan desesperada como para pelarme con alguien por sentarme en una mesa de terraza a tomar un helado en hora punta pero lo que he visto toca las narices. Llegas a una heladería que antes contaba con 50 mesas y ahora solo tiene 25. Está todo lleno y ves que hay una mesa con sus tarrinas y copas vacías que puede que se vayan pronto, por lo que decides esperar en la acera sin molestar. Minutos después aparece una pareja y mientras la mujer se queda en la acera con nosotros, a una distancia prudencial, el hombre se mete en el espacio de la terraza de la heladería, entre las mesas, para que en cuanto esas personas que ya han terminado su helado se pongan en pie, sentarse el corriendo y llamar a su chica que esperaba en la acerca.

¿Es que no se da cuenta de que hay más gente esperando? ¿Se cree más listo que los demás por hacer eso? No, lo que es, es más irresponsable e irrespetuoso porque eso sabemos hacerlo todos, pero no lo hacemos porque respetamos el espacio de seguridad de quienes están sentados tomando algo sin mascarillas en esa terraza, por eso no nos metemos en medio de la gente, y también, por supuesto, porque respetamos el orden y no vamos como arpías con garras por la vida.

¿Se nota que estoy calentita y mosqueada con nuestra sociedad en general, verdad? Me cruzo con personas que hablan en voz alta con amigos en la calle y les oigo decir que no se han puesto la mascarilla porque querían maquillarse, o que no se la ponen nunca porque les molesta, y yo, mientras tanto, me pongo la mascarilla para protegerlos a ellos y a todos, por responsabilidad, a pesar de que la tela me que llevan las mascarillas higiénicas me cause alergia en el rostro.

¿Sabéis que he vivido también en primera persona? Comprobar cómo, en un parque lleno de niños jugando y padres y madres hablando sin mascarilla aparecía un hombre agitado y haciendo aspavientos mientras avisaba de que venía la policía y que se pusiesen todos las mascarillas. Fue como cuando vas paseando en una zona concurrida llena de manteros y aparece uno corriendo para que todos se levanten y se vayan con sus productos porque va a llegar la poli, pues igual pero con mascarillas. Increíble.

Vivo situaciones sacadas de una película de comedia, o de terror (todo según se mire) a diario, como muchos de nosotros. Las vivo y me estreso, me cabreo y me parece injusto, así que es lógico que me cabree aún más cuando compruebo que esas mismas personas incívicas que solo piensan en disfrutar me quitan la posibilidad de practicar un hobby que llevo haciendo años para que puedan bañarse en aguas tranquilas sin hacer cola en la playa por un hueco de arena o si madrugar. Injusto no, lo siguiente a eso.