La adicción a la velocidad

Sacarse el carné de conducir sigue siendo algo habitual en la sociedad, ya que a pesar de que existen nuevas aplicaciones de los medios de transporte, es imprescindible conducir para poder moverte con libertad por la ciudad o por las carreteras de otros países. Además, nunca está demás saber conducir porque nunca sabes cuándo puedes alquilar un vehículo en el extranjero.

Cuando mencionamos que existen novedosos medios de transporte no estamos refiriéndonos a lanzaderas espaciales o taxis voladores, sino más bien a los servicios de transporte de personas colaborativos, entre los que destaca Uber o Cabify (de creación cien por cien española), que destacan por ser realmente útiles para aquellas personas que no quieren disponen de un vehículo para moverse por la ciudad.

Este tipo de servicios han revolucionado la forma de entender el transporte, hasta el punto de que el sector del taxi se ha manifestado en una gran cantidad de países dónde operan estas aplicaciones, con el fin de denunciar un intrusismo cuestionable, que en España ha sido aceptado en parte con una sobrerregulación de las licencias VTC.

En cualquier caso, uno de los lugares a los que no llega, ni el sector del taxi ni el del transporte compartido, son los circuitos de velocidad. A pesar de haber jugado muchas horas al vetusto videojuego Taxi Driver, los taxis no entran a los circuitos de velocidad a no ser que tengan que dejar a algún piloto.

En los circuitos de velocidad se reúnen los coches más potentes del mercado, y en realidad, todo aquél bólido capaz de exprimir la potencia del motor en una vuelta rápida. Y es que a pesar de lo que mucha gente pueda pensar, los circuitos de velocidad  pueden cerrarse para pruebas privadas, o para pasar días dando vueltas por tandas.

Porque seamos totalmente francos, por mucho que nos gusten los coches y los rugidos de sus motores, en ciudad o carretera es imposible explotar su potencial por los límites de velocidad que hay que respetar en cada momento. Conducir con seguridad no quiere decir que no se pueda correr, siempre claro está que se haga en un entorno seguro como son los circuitos de velocidad.

Estos circuitos son lugares cerrados en los que no existe riesgo para terceras personas en el caso de que se apriete el acelerador, ya que no existe ningún tipo de circulación que pueda afectar al desarrollo de una carrera. Es el único entorno en el que cobra sentido acelerar a más de 120km/h, ya que fuera te expones a multas importantes, pérdida del carnet de conducir e incluso penas de cárcel.

La excusa de correr con el coche porque no existe ningún circuito cerca es realmente difícil de sostener, ya que a lo largo de España hay muchos circuitos de velocidad. Uno de los más divertidos por sus curvas, instalaciones y servicios es Chicharra Karts, un circuito en Alicante dónde divertirse como un verdadero piloto.

Las hormonas nos juegan una mala pasada, otra vez.

Un estudio de la universidad de de Portsmouth, en Reino Unido, sostiene que correr es adictivo debido a que el miedo y la exaltación de la velocidad y la sensación del control o pérdida del vehículo, provocan que el cuerpo reaccione combinando pensamiento e instinto de supervivencia. Esto hace que se segregue adrenalina y se entre en un estado de tensión que produce adicción, pues se deja la mente en blanco para estar exento a los peligros.

Es realmente curioso que la velocidad genera ritmos cardiacos similares a saltar de un paracaídas o montar en una montaña rusa. Pero la adrenalina derivada de la velocidad supera al resto, y la respuesta corporal que genera el cuerpo puede hacer que el pulso llegue a elevarse hasta 85 pulsaciones por minuto.

Pero sin duda, lo más importante de esta experiencia es la sensación de poder y libertad al volante.