El estrés es uno de los males de nuestro tiempo. Uno de esos trastornos al que todos estamos expuestos y muchos hemos sufrido en algún momento de nuestra vida. Así es como el hombre de hoy hace frente a esta amenaza que le acecha.
La página web de la Escuela de Postgrado Medicina y Sanidad señala que el estrés supone una tensión física o emocional que se desencadena ante una situación que representa descontrol. Es una reacción natural en los seres vivos y hasta cierto punto, un mecanismo de defensa. El problema aparece cuando ese estrés se hace crónico o provoca una reacción desproporcionada a la causa que lo motiva.
Esta escuela de medicina clasifica el estrés en 3 tipos: el estrés agudo, el estrés crónico y el estrés agudo episódico.
El estrés agudo es el más habitual. Consiste en una reacción del cuerpo y la mente ante una situación excitante o exigente que se sale de nuestra rutina habitual. Crea en nosotros un estado de alerta y puede llevarnos al agotamiento. Por lo general, desaparece con la situación que la ha causado. Es el nerviosismo que padecemos antes de presentarnos a un examen importante o cuando tenemos una sobrecarga de trabajo.
El estrés crónico es el que experimentan personas que viven en unas circunstancias que demandan de ellas una alerta continua. Puede ser una guerra, situaciones de privación de libertad, pobreza extrema, etc. Es el tipo de estrés más grave y puede desembocar en enfermedades de salud mental.
El estrés agudo episódico es un estrés agudo que se prolonga en el tiempo. Puede ser porque la persona vive en un entorno extremadamente exigente que se escapa a su control (trabajos muy absorbentes, circunstancias familiares desbordantes) o porque se ha fijado metas en la vida poco realistas. Este estrés, si no se ataja, puede concluir en episodios de ansiedad o de depresión.
Frente a estos tipos de estrés, principalmente el estrés agudo y el estrés agudo episódico, estas son algunas actividades que podemos realizar para controlarlo.
Practicar deporte.
El blog de la página web de la empresa de material deportivo Nike indica que la actividad física tiene la capacidad de reprogramar nuestro cerebro a nivel bioquímico, lo cual nos ayuda a gestionar los niveles de estrés.
A medida que hacemos deporte, bajan los niveles de cortisol, la hormona que dispara el estrés; al tiempo que se liberan endorfinas y serotoninas, neurotransmisores que generan en nosotros una sensación de bienestar.
Una de las soluciones que utilizan muchas personas para desconectar de un día ajetreado en el trabajo, es terminar la jornada diaria ejercitando su cuerpo durante media hora o una hora en el gimnasio. O salir a correr un rato por el parque.
El running lo practican algunas personas antes de acudir al trabajo. Correr descarga la tensión que hemos acumulado antes de llegar a nuestra empresa y nos permite afrontar más relajados la jornada laboral. Las exigencias del día han acaparado nuestra mente antes de enfrentarnos a ellas, concentrando en nuestro cuerpo un alto nivel de tensión.
Algunos estudios médicos indican que practicar 30 minutos al día de ejercicio físico moderado, entre 3 y 5 días a la semana, nos ayuda a prevenir el estrés. Este entrenamiento acondiciona nuestro cuerpo y nuestra mente para afrontar de otra manera los episodios de mayor exigencia.
Darnos un masaje.
Los masajes no queman la tensión acumulada, como sí hace el ejercicio, pero relajan nuestro cuerpo y nuestra mente, al tiempo que liberan en nosotros esas endorfinas y serotoninas que nos producen bienestar.
La tensión nerviosa provoca en algunas partes de nuestro cuerpo rigidez muscular. Los ejercicios de algunos masajes logran romper ese agarrotamiento. Pero, como cuentan los masajistas de Senzara, un centro de masajes del barrio valenciano de Ruzafa, su efecto es más profundo, ya que los masajes siguen un ritual en el que cada detalle está enfocado en generar una sensación de calma y desconexión absoluta.
El masaje logra un efecto de consciencia plena sobre la persona que lo recibe, que el hombre suele buscar con otras técnicas de las que hablaremos más adelante, como el yoga o el mindfulness, de una manera natural.
La consciencia plena se basa en prestar atención a lo que está sucediendo en ese momento. A atender a nuestros sentidos, y no tanto a nuestra mente. La persona que recibe el masaje se deja llevar por las sensaciones que recibe su cuerpo frente a los ejercicios del masajista. Sin pretenderlo, esta dinámica conduce a vaciar nuestra mente de preocupaciones e ideas rumiantes. Ideas que son las que nos provocan el estrés.
La persona alcanza una tranquilidad mental completa sin necesidad de tener que sugestionarse para ello. Darse un masaje es una buena manera de liberar el estrés cuando está empezando a hacer mella en nosotros.
El Arte-terapia.
La academia Emoción Arte habla en su página web de los efectos terapéuticos del arte y cómo pueden servirnos para sanarnos del estrés y la ansiedad. Una de las aplicaciones del arte que más popularidad están alcanzando en los últimos tiempos.
Dibujar, pintar, modelar, hacen que nuestra mente se libere de las preocupaciones diarias, una de las primeras causas del estrés. La práctica artística requiere de nosotros atención plena. El artista debe poner sus sentidos en lo que está haciendo. Fijarse en el modelo que quiere pintar o dibujar y asegurarse de que lo está plasmando bien en su práctica artística.
El arte conlleva una coordinación entre el cerebro y las manos. Un trabajo manual que nos evade del pensamiento residual. De esas ideas, de las que hemos hablado antes, que ocupan nuestra mente. Dejamos de pensar en ellas porque estamos pensando en otra cosa. En la obra de arte que estamos realizando.
Realizar una obra de arte es un proceso gradual. En el que las prisas ocupan un segundo plano. Algo que contrasta con la inmediatez de la vida moderna, que tanto nos llega a alterar en algunos momentos. Cuando practicamos una actividad artística, aprendemos a valorar más el tiempo. A disfrutar de lo que estamos haciendo.
El arte nos permite canalizar, no nuestra energía física, pero sí la mental, en una actividad constructiva, en la que dejamos entrever nuestros sentimientos y emociones, sacándolos fuera de nuestra cabeza.
Tocar un instrumento.
Tocar música o aprender a tocar un instrumento tiene unos efectos parecidos a los del arte-terapia. Tocar música es una de las actividades mentales más completas que existen. Dice la Editorial Toys & Dreams que al tocar un instrumento involucramos casi todas las áreas del cerebro a la vez. En especial, el lóbulo temporal (corteza auditiva), el lóbulo occipital (corteza visual), la corteza prefrontal y el cerebelo.
Y es que al tener un instrumento en nuestras manos y hacerlo sonar, estamos concentrados en escuchar el sonido que sale de él, estamos leyendo la partitura, estamos realizando movimientos precisos para pulsar las notas y estamos activando nuestra memoria. Es como si en nuestro cerebro se estuviera produciendo un castillo de fuegos artificiales.
Es tal la actividad cerebral que se efectúa de manera simultánea, que es normal que las ideas tediosas se disipen por un momento.
Se dice que la música amansa a las fieras. No es un dicho gratuito, es una realidad. En nuestra vida diaria, la música nos ayuda a canalizar los sentimientos. Nos ofrece consuelo y comprensión cuando nos sentimos tristes y nos da un aporte de energía cuando lo necesitamos. Ese efecto que tiene la música se manifiesta de una manera especial cuando somos nosotros los que estamos reproduciendo la melodía.
Tocar un instrumento libera dopamina. Es la hormona de la felicidad. La que regula el sistema de recompensa mental y de motivación, que nos hace sentirnos satisfechos con lo que estamos haciendo. Algo que, sin duda, combate el estrés.
El yoga.
El yoga es una de esas disciplinas a la que más se recurre hoy en día para relajarnos y combatir el estrés. Esta práctica milenaria de origen hindú reúne muchas características para conseguirlo. De entrada, parte de buscar el equilibrio entre la mente y el cuerpo, frente al efecto desequilibrante de las situaciones de estrés.
Los ejercicios de respiración profunda que realizamos durante las sesiones de yoga nos conducen de manera gradual a relajar todo el cuerpo y a calmar la mente. Por otro lado, las posturas de yoga y los estiramientos tienen un efecto equiparable al de una sesión de ejercicio físico de baja intensidad, que como hemos visto antes, es beneficioso para controlar el estrés.
Aunque son innegables los beneficios físicos y mentales de practicar yoga con asiduidad, el Doctor Félix López, traumatólogo especialista en cirugía articular, opina que no son suficientes. Ni en el plano físico, ni en el plano mental. Es imposible, según él, que una persona pueda estar en forma solo practicando yoga. Esta actividad deberá complementarla con actividades deportivas que afecten a otras áreas del cuerpo, como ejercicios de fuerza o actividades aeróbicas: caminar, correr, pasear en bicicleta.
Del mismo modo, en el terreno mental, el individuo deberá completar la relajación que le produce el yoga, con otros ejercicios activos como escribir un diario o charlar con amigos, para sacar al exterior los pensamientos que le preocupan.
El Mindfulness.
El Mindfulness se está utilizando a día de hoy dentro de muchas empresas como una estrategia para paliar los efectos del estrés laboral. Comenta el experto Javier Gutiérrez Ornela a Telediario México que los ejercicios de Mindfulness pueden servir para sanar al 75% de los trabajadores agotados que hay en el país azteca. Estos ejercicios se pueden integrar en la rutina diaria y apenas ocupan entre 3 y 5 minutos.
El Mindfulness debe servir al trabajador para identificar los primeros síntomas de estrés. ¿Qué parte de su cuerpo está sintiendo tensiones o molestias? ¿Tiene dolores de espalda, el cuello rígido, comienza a percibir jaqueca? El dolor físico es una señal que está mandando el cuerpo al cerebro, y que puede corresponderse con una situación de estrés o de sobrecarga física o mental. Según Gutiérrez, debemos hacer caso a las señales del cuerpo. Cuando las percibimos, es preciso parar de hacer lo que estemos haciendo.
Recostar la espalda en la silla de la oficina, respirar profundamente y concentrarnos en exclusiva en percibir ese dolor durante unos minutos, puede ser suficiente para que el dolor aminore y podamos seguir con nuestra actividad.
Otras veces es recomendable pararse a dar un paseo, dejar la mente en blanco y dejarse atrapar por el silencio y el sonido de nuestros pasos al caminar.
Son ejercicios que en ocasiones realizamos sin darles demasiada importancia. Nos levantamos de la silla y vamos al baño o a beber un vaso de agua para despejar la mente. Sin embargo, para que tengan un mayor efecto, debemos hacerlo conscientemente. Si es posible, salir fuera de la oficina. Debemos percibir lo que nos sucede y lo que está pasando a nuestro alrededor. El ritmo de nuestra respiración, el ulular del viento, el canto de los pájaros, el sonido del tráfico a lo lejos, el olor de la vegetación.
Escribir.
Coger el hábito de escribir es una buena solución para controlar nuestros niveles de estrés. La escritura tiene un efecto terapéutico. Escribir nos ayuda a ordenar el pensamiento. A sacar las ideas de nuestra mente, darles forma y a ordenarlas de una manera lógica y jerárquica. Como si estuviéramos construyendo un esquema.
Dedicar cada día unos minutos a escribir un diario nos ayuda a ir canalizando nuestras preocupaciones. Esas ideas que pululan por nuestra mente parece que aprisionan menos el cerebro cuando se plasman sobre el papel. Si pasamos por una situación angustiosa, la escritura puede enfocarnos en buscar soluciones.
La escritura creativa, según la web Neuro Class, nos permite liberar sentimientos reprimidos y frustraciones de una manera segura, sin recibir juicios externos. Así como reflexionar sobre las experiencias vividas, sacando conclusiones que nos ayuden a mejorar. La escritura es una poderosa herramienta de autocuidado.
Lo bueno de todas estas soluciones que hemos ido viendo en el artículo es que son compatibles. Podemos practicar varias de ellas. Logrando que el estrés afecte menos a nuestras vidas.