La boda más divertida

La boda más divertida

Desde el primer día tenía claro que mi boda iba a ser diferente. Pero en mi caso no por el glamur ni por el postureo, simplemente porque iba a ser la más divertida. De esas cosas que después de muchos años lo recuerdas porque te dolía la barriga de reírte. Nada de que la gente se acuerde del buen lechazo o de los mejores langostinos, simplemente quería que disfrutaran de un día divertido. Así soy yo. Siempre he sido el alma de la fiesta, el más divertido, así que en mi boda no podría ser de otra manera. Eso sí, no me fui a Canarias a celebrarlo en la playa, como es ahora la moda.

  • Para empezar la invitación fue original. ¿Cómo? Pues nada de tarjetas ni invitaciones, no está tan de moda el whatsaspp, pues toma mensaje de voz entre mi pareja y yo. Eso sí, con algún chiste que otro y anunciando con voz de Chiquito de la Calzada que nos casábamos, y que por supuesto queríamos contar con ellos.
  • No somos creyentes así que no hubo misa. Pero sí hubo ceremonia. En este caso oficializada por todo un monologuista, que se dedicó a repasar nuestras vidas. La verdad es que gustó recordar porque en todas las historias aparecía alguien que estaba invitado a la boda y se sintió muy participe. Al final, eso sí, como en todas las bodas, ya sea religiosa o civil, hubo beso, y cómo fue, pues al más puro estilo de Sara Carbonero e Iker Casillas cuando ganaron el Mundial de fútbol. Tampoco hubo coche que nos llevara al banquete, pero hubo una bicicleta, un tándem, que arrancó las carcajadas de todos.
  • Ya estamos en el festejo. Al pasar la puerta de entrada, dimos la bienvenida a cada invitado con una pequeña bolsa de regalos. Pequeños detalles que hagan sentir a todos parte de la ceremonia. ¿Qué cosas? Pues fotos, recortes de periódicos con buenas noticias, se tenía que notar que soy periodista, para alegrar el día.
  • Lo que no faltó en mi boda fue el típico detalle de bodas. Eso sí, fue muy poco tradicional. En Bodas Dekore compramos unos regalos que se salen precisamente de lo tradicional. Unas zapatillas de andar por casa. Este regalo nace de que se trata de un detalle eminentemente práctico y que tiene una vida de uso muy larga. Evidentemente las tallas son varias, porque no todos los pies son iguales. Aún recuerdo las risas de todos.
  • No hubo libro de visitas, pero hubo algo parecido. En este caso pedimos que cada invitado firmara sobre una pieza de Jenga, de esta forma nos fuimos a casa con un juego de mesa personalizado con los mensajes de amor de todos nuestros amigos.  Donde no me la jugué fue a la hora de contratar a los fotógrafos, quise unos de toda la vida.
  • Y en mi boda no podía faltar la barra libre. Pero en este caso, muy especial. Compramos vasos de sidra, y pintura para vidrio y dedicamos a cada invitado su vaso propio. Al llegar a la barra, el barman le servía a cada invitado su combinado en una copa con su nombre. Así nadie se confundió de bebida y todos se fueron casa con un lindo y divertido recuerdo de mi boda. La verdad es que nos costó nuestro tiempo, pero mereció la pena. Durante la barra libre llegó el turno de bailar, y por supuesto, además de poner música de pachanga, hubo juegos, tipo el de la mesa o karaoke.

Como puedes comprobar se trata de una boda muy especial, pero sobre todo divertida. Y puedo dar fe de que dos años después todos mis amigos aún me recuerdan lo bien que se lo pasaron.