Rica en Cultura

El trabajo de mi padre me obligó a cambiar muchas veces de lugar de residencia cuando era niña, demasiadas para mi gusto, y en cada nueva ciudad en la que estaba intentaba adaptarme totalmente pensando que, esa vez, sería la definitiva. Por eso, siempre que me era posible, me unía a los niños del barrio en sus tradiciones y juegos, y eso me llevó a vivir una gran variedad de fiestas en diferentes localidades que me enseñaron la gran riqueza cultural que hay en España.

Ahora me doy cuenta de que aquella situación me ha aportado una gran multitud de beneficios que podríamos resumir en uno: respeto a la diversidad. Este tema, que ahora está tan de actualidad, es un valor que se puede aprender desde muchísimas perspectivas y yo, con la poca experiencia que pude abarcar de aquí y de allá, aprendí tradiciones que jamás habría podido conocer si me hubiera quedado en Madrid, mi ciudad de nacimiento. Aprendí a valorar lo bueno y lo malo de cada localidad en la que nos instalábamos y conocí a niños y niñas de toda clase social, pensamiento político, procedencia, etc. Gracias a eso, hoy soy rica en cultura.

Alicante

Vivimos 4 años en Alicante capital, desde los 5 hasta los 9 años, y ya el primer año conocí a una niña en el colegio que pertenecía a una comisión de Les Fogueres de Sant Joan. Me fascinó tanto todo lo que nos contaba, que pedí a mis padres que me apuntaran con ella y lo conseguí. Me hicieron el traje de alicantina más bonito del mundo (al menos bajo mi punto de vista) y viví la fiesta desde dentro hasta los 9 años. Bebí de sus tradiciones, comprendí su cultura y me enamoré del Postiguet y de la Explanada como cualquier alicantino.

Sevilla

A los 9 años nos mudamos a Sevilla. Lloré mucho por dejar mi escuela y a mis amigos, pero lloré aún más pensando en que no volvería a vivir “Les Fogueres” nunca más. Guardé mi traje en el armario en una bonita funda y me despedí de él. Mis padres, sabían lo mucho que echaba de menos los bailes, las actividades y todo lo que envuelve la fiesta alicantina, y pasados unos meses, cuando se acercaba el fin de semana grande de Sevilla, decidieron inscribirnos a todos como socios de una caseta en la Feria en la que estaba inscrito un compañero de trabajo de mi padre con su familia. Viví la Feria y comprobé que allí también podría aprender muchas cosas. Me apunté a un grupo de baile donde me enseñaban a bailar flamenco y en la Feria del año siguiente lucí un precioso traje de Modas Molina.

Alcoy (Alicante)

A los 13 años regresamos a Alicante, pero no a la capital, cuna de “Les Fogueres”, sino a un pueblo bastante conocido por todos: Alcoy. Llegué pensando que podría buscar otra comisión donde hacer amigos y vivir la fiesta pero descubrí que eso era algo que sólo se vivía en la capital. Ahora bien, lo que sí tienen en Alcoy, son las fiestas de Moros y Cristianos más espectaculares del país. El primer año las vi desde el banquillo, pero en cuanto las conocí decidí que quería vivir esa experiencia y al año siguiente conseguí entrar en una comparsa donde desfilé los siguientes tres años.

Mis padres me consintieron todo aquello pos dos motivos: porque sabían que necesitaba relacionarme con gente nueva cada vez que nos mudábamos de un sitio a otro, y porque, en cierto modo, se sentían culpables. Lo que ellos no sabían es que estaban aportando muchísimo a mi cultura, y ahora se lo he hecho saber.

Actualmente guardo mis trajes como oro en paño en un armario de casa. Tengo el de alicantina, dos de flamenca y tres más de mora, y hace unos meses empecé a darles uso de nuevo.

Mi novio, que es un friki de los juegos de Roll, empezó a introducirme en el mundo del roll en vivo con pequeñas partidas donde disfruté bastante y, hace unos meses, nos inscribimos a una partida ambientada en oriente medio que organizaba la Casa de Cultura. No sé cómo fue exactamente, pero se me ocurrió que podía ponerme uno de esos preciosos trajes moros que lucí en las fiestas de Alcoy hace ya varios años. Al final soy yo la que está más enganchada que él a los Juegos de Roll en Vivo y he podido darles otro uso a mis trajes que estaban cogiendo polvo en ese armario. También he adquirido nuevos vestidos, la mayoría de estilo medieval, en Evil Tailors, y estoy pensando en dejar una habitación de mi casa decorada y pensada sólo para este nuevo hobby que disfrutamos en pareja.

¿Y sabéis qué es lo mejor? Que esta nueva afición me ha permitido conocer a más personas, hombres y mujeres de todas las edades, con diferentes intereses, de diferentes razas, y con diferente ideología que se respeta y se une para compartir algo que les gusta. Eso hace que me plantee que, a lo mejor, los llamados frikis no son precisamente aquellos antisociales de los que se burla la mayoría de niños y adolescentes en la escuela, son personas sociables que buscan relacionarse haciendo lo que más les gusta y los “raros” tal vez sean los demás proque, en el fondo, todos somos frikis de algo: yo lo fui de las fiestas patronales y ahora lo soy del Roll pero hay quien es friki del fútbol, del teatro, de la música, etc.